Descubrir la magia de Tomelloso, desde la profundidad de sus cuevas

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Cuevas de Tomelloso, SXIX

Es innegable el gran potencial enoturístico que desprende la ciudad manchega de Tomelloso. Conocida también como la «Atenas de La Mancha», cuenta con todo aquello que los amantes del vino pueden desear: vinos excelentes, gastronomía exquisita y un valioso patrimonio cultural y arquitectónico que sorprende (gratamente) por sí mismo. Por ejemplo, sus más de 2.500 cuevas subterráneas que descansan en lo más profundo de sus calles. Sin duda, lugares que desprenden una magia singular, que se descubre tras visitarlas.

El vino, como impulsor de las cuevas de Tomelloso

Un chato de vino en recuerdo de las raíces vivtivinícolas de La Mancha
Un chato de vino en recuerdo de las raíces vivtivinícolas de La Mancha

El vino ha dejado una profunda huella el desarrollo de la comarca de La Mancha y, por supuesto, el de la ciudad de Tomelloso. Es, precisamente, el vino el causante del origen de estas multitudinarias e interesantes cuevas. Su construcción, que dio comienzo en las primeras décadas del siglo XIX, se llevaron a cabo a una profundidad que oscila entre los 12 metros.

Las nuevas tecnologías vinícolas han desplazado el uso original de estas cuevas, convirtiéndolas en un cautivador atractivo turístico

El objetivo de estas construcciones fue la elaboración y conservación del vino; unas cavidades conectadas con el exterior mediante unas lumbreras (rejillas de respiración) que pueden apreciarse desde las mismas aceras de las calles. Estas cuevas que fueron el germen de lo que en la actualidad se ha convertido Tomelloso: el mayor productor de vino del mundo.

Picaores y terreras, los responsables de las cuevas de Tomelloso

Está claro que, cuando en 1820 comenzaron a construirse estas cuevas, la tecnología distaba mucho de la que disponemos en la actualidad. Por ello, las cuevas fueron excavadas a mano, convirtiendo a cada una de ellas, en una obra única e inimitable. Fueron decenas de hombre, conocidos como picaores, los encargados de crear las cuevas con la ayuda de sus picos.

Los hombres y mujeres encargados de su construcción contaban una escasa formación, más que la experiencia que les proporcionaba su día a día

Las mujeres también tuvieron un papel relevante en el trabajo de construcción. Un amplio grupo de ellas, llamadas terreras, se encargaban de transportar la tierra desde el interior, hasta la superficie. Una tierra, que posteriormente se utilizaba como material de construcción para los propios hogares tomelloseros.

Cuevas únicas en La Mancha

Cuevas de Tomelloso IMG. Ruta del Vino de La Mancha
Cuevas de Tomelloso IMG. Ruta del Vino de La Mancha

Tal es la importancia de las cuevas de Tomelloso, que en 2018 se creó la Asociación de Amigos de las Cuevas de Tomelloso, con el objetivo de gestionar sus visitas y dotar a la ciudad de un nuevo atractivo turístico. Cabe destacar, que estas construcciones no son públicas, sino que pertenecen a los propietarios de las viviendas particulares en las que se encuentra. Es por ello, que esta asociación se alza como órgano gestor de las visitas, previa autorización de sus dueños.

Las cuevas se caracterizan por ser amplias y profundas, con cúpulas en forma de arcos de medio punto

Su presidente, Jesús Andújar, pone de manifiesto la excepcionalidad de estas cuevas, por sus características: «En La Mancha no hay ningún lugar con cuevas como en Tomelloso, donde hay una capa de piedra caliza, de entre unos 70 centímetros a 4 metros, que actúa como hormigón y que permite que sea más sencillo excavar sin necesidad de usar soportes. Las características del terreno son únicas y lo propician», explica.

El vino en tinajas de barro y cemento, el secreto mejor (res)guardado bajo las calles de Tomelloso

Tinajas-de-cemento-y-balaustradas-definen-la-imagen-interiro-de-las-cuevas-en-Tomelloso
Tinajas de cemento, Tomelloso

Durante décadas, las tinajas de barro se utilizaron como el recipiente más idóneo para la elaboración y la conservación de vino. Unas enormes vasijas, que algunas bodegas de La Mancha aún emplean, pero en su mayoría, quedaron para el recuerdo. De hecho, las cuevas se convirtieron en las mejores guardianas del vino en las tinajas, ya que la capa dura de roca tosca, unida a su profundidad, permitía un descanso perfecto del vino, a una temperatura y humedad constantes.

Las ‘lumbreras’ funcionaban también como conducto de eliminación del gas carbónico que se generaba en la fermentación de los mostos

Tal fue la magnitud que alcanzaron las tinajas, que existía el propio oficio de tinajero. Una profesión, ya desaparecida, pero de la que aún se encuentran testimonios de primera mano. Como, por ejemplo, el del que fuera el último tinajero: José María Díaz Navarro. Ya jubilado, dedicó gran parte de su vida a la construcción de tinajas de cemento; prácticamente, la de todas las cuevas de Tomelloso.

Todo un entendido en materia, que cuenta que «las primeras eran de barro y se metían en las cuevas a través de las lumbreras. Por ello, antiguamente se hacía la lumbrera en base al tamaño de las tinajas, que se traían desde Villarrobledo. Para meterlas en las cuevas, se usaban cordeles y muchas manos, teniendo mucho cuidado para no romperlas, y una vez en el interior, se ponían de pie a mano entre unos 10 o 12 hombres basculando. Más adelante se comenzaron a hacer tinajas de cemento, que se construían directamente dentro de la cueva usando un molde».

¿Quieres visitar las cuevas de Tomelloso?

Puedes encontrar toda la información y reservar tu visita en la web de la Asociación Amigos de las Cuevas de Tomelloso: https://cuevasdetomelloso.com/

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