El lloro de la vid: el anuncio de un nuevo ciclo

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Lloro en la vid de La Mancha

Llorar no siempre conlleva dolor y tristeza; llorar puede ser un reflejo de risa, emoción y alegría, y también, de vuelta a la vida. Con la llegada de la primavera, los días comienzan a ser más largos y las temperaturas más suaves. La naturaleza regresa a la vida ofreciéndonos sus mejores aromas y paisajes. Por ejemplo, a través del lloro de la vid.

Los viñedos de La Mancha no son ajenos a este resurgir, volviendo con fuerza y energía, tras su letargo invernal. Los cortes de una ya lejana poda empiezan a exudar dando lugar al fenómeno conocido como lloro de la vid. Un bonito espectáculo para la vista que tiene su propia explicación: la savia almacenada durante los meses anteriores vuelve a las partes más altas de la planta para retomar su actividad. Una savia que se asimila a lágrimas y que sale por los brotes cortados.

¿Por que ‘llora’ la vid y cuál es su duración?

Lloro de la vid, Antonio Garrido
Imagen: Antonio Garrido

Se produce cuando la temperatura ambiente es superior a los 10 grados permitiendo también aumentar la temperatura del suelo, para que la planta recupere la actividad biológica en su interior. Como si de una metáfora se tratase, el lloro de la vid cesa cuando sus heridas se ven cicatrizadas. Un proceso en el que las llagas se recubren de una sustancia gomosa que las protege y tapona.

La duración del lloro depende de cada planta y circunstancia, aunque suele abarcar desde los 7 a los 10 días. Un mayor o menor lloro estará en manos de de dos factores principales: el grosor del corte y el periodo en el que se haya realizado la poda. Por lo tanto, un mayor diámetro de corte, así como una poda más tardía, provocarán que la vid llore más. Incluso, agentes como el terreno y la humedad del ambiente también influyen.

La importancia de un lloro de la vid adecuado

Inicio de la brotación en las vides de La Mancha

Si el llanto de la vid se produce en el período adecuado, refleja una correcta floración de la planta y, por ende, que el momento en el que se eligió la poda, fue el más conveniente. Y no solo eso, ya que esta maravilla innata tiene un significado muy especial para los viticultores manchegos: simboliza el inicio de una nueva añada.

El llanto, por su valor natural y simbólico, así como por su singularidad y belleza, se alza como uno de los estados fenológicos de la vid que merece la pena contemplar de cerca, al menos una vez en la vida. Y qué mejor lugar para descubrirlo que en el mayor viñedo del mundo, en La Mancha.

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