Descubre el origen de las barricas de roble y cuál fue el primer Reserva de La Mancha

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Elaboración del vino en una sala de barricas en bodegas DO La Mancha

Cuántas veces habremos escuchado aquello de «este vino ha pasado por una crianza en barricas de roble durante 12 meses». Sin duda, han sido tantas que ya las tenemos impregnadas en nuestro imaginario colectivo, representados por grandes parques de barricas que descansan en oscuridad y silencio absoluto.

No obstante, ¿te has preguntado alguna vez cuál es su origen y por qué se comenzaron a utilizar en el mundo del vino? En este artículo te desvelamos su origen y desarrollo a lo largo de la historia. También te contamos cuál fue el primer Reserva de La Mancha.

Barricas de madera: el origen

Los primeros indicios en la utilización de barricas de madera se remontan miles de años atrás, en pleno apogeo de las civilizaciones romana y griega. Sin embargo, su utilización dista mucho de la actual. Teniendo en cuenta que el vino era concebido prácticamente como una divinidad (los dioses Dionisio y Baco ejercían de custodios), la necesidad de transportarlo de forma rápida y eficaz originó que los depósitos de madera cobraran gran protagonismo.

Ánforas de arcilla para la conservación y el transporte del vino
Ánforas de arcilla, utilizadas por romanos y griegos para el transporte y depósito del vino

De hecho, las barricas vinieron a sustituir las ánforas de arcilla. Su uso en transporte y almacenamiento de todo tipo de líquidos estaba extendido por las más importantes civilizaciones; también en la egipcia. Sin embargo, su fragilidad era uno de sus grandes hándicaps que aceleró su final con la llegada de las barricas.

Hubo un caso aislado de utilización de recipientes madera en la Mesopotamia de Herodes, el cual utilizo barricas de madera de palma para transportar el vino. Aunque esta práctica se perdió rápidamente por la complejidad de fabricar recipientes con ese material.

El Imperio Romano descubre las barricas, tras conquistar Galia

Barricas de Bodegas DO La Mancha

El punto de inflexión en la utilización de barricas de madera se produjo cuando los romanos conquistaron a los galos. Descubrieron que utilizaban recipientes de madera de roble para la conservación y almacenaje de la cerveza. Humidificando y calentando las tablas, averiguaron que podían darles la forma deseada, tal y como lo hacían con sus barcos.

Es por ello, que los romanos no perdieron la oportunidad de ilustrarse con esa técnica, utilizándola para albergar y transportar su propio vino. Generalizaron su uso, utilizando principalmente madera de roble, por su versatilidad, carácter moldeable e impermeabilidad; así como por su abundancia en los en los bosques europeos.

Tal fue su penetración que, en menos de 200 años, su uso se generalizó por todo el Imperio quedando en el olvido el uso de ánforas de arcilla. Sin darse cuenta, los romanos comenzaron a perfeccionar las propiedades organolépticas del vino por primera vez en la historia.

La profesionalización de las barricas en el proceso de vinificación

Profesionalización del vino
Control del vino en una bodega de La Mancha

Con el paso de los años, romanos y otras civilizaciones venideras fueron dándose cuenta de las grandes aptitudes que las barricas de roble otorgaban a los vinos. De hecho, cuanto más tiempo pasaba en estos recipientes, gozaba de mejor sabor y una mayor suavidad. Ese letargo, también proporcionaba al vino nuevos aromas procedentes del característico tostado de la madera, como canela, vainilla y especias.

Tras conocer los grandes beneficios que proporcionaban las barricas en su contacto con la madera, el uso para el transporte fue dejando paso al almacenaje para su esperada  transformación.

La importancia de renovarlas tras su uso

A lo largo de los siglos, el uso de las mismas barricas era constante sin contar con un periodo funcional determinado. Es más, si alguna de ellas sufría algún daño, los coopers (toneleros encargados de su descarga desde los barcos), arreglaban las barricas y nunca eran reemplazadas por otras nuevas.

No fue hasta finales del siglo XX, en la década de los 80, cuando los Grand Cru Casèe del Medoc llevaron a cabo la fermentación y crianza de sus vinos en barricas de roble nuevo. De esta manera, las aptitudes de los vinos eran explotadas al máximo, sin perder las facultades que la madera pierde con el paso de los años.

Actualidad: coexistencia del roble francés y americano

Sala de Barricas DO La Mancha

Como cabría esperar, el roble como material para las barricas también ha evolucionado con el  paso de los años. El francés, el más utilizado tradicionalmente sigue siendo de gran importancia en la actualidad. Sin embargo, en la actualidad existen otras opciones que incluso vuelven a antaño, como la utilización de tinajas de barro o cemento en la crianza de los vinos.

De lo que no cabe duda, es que los reyes actuales en la preparación de los vinos son las barricas de roble francés y americano. Este último tuvo su origen en la década de los 50, cuando bodegueros de California (EE.UU.) experimentaron con sus propias materias primas. Con resultados positivos y un precio menor que el francés, el roble americano es uno de los más utilizados para la crianza de vinos. Una de sus principales características es su composición, con poros más abiertos.

Estola, el primer Reserva de La Mancha

Estola, el primer Reserva de La Mancha

Aunque en la actualidad La Mancha sea todo un referente en la elaboración de crianzas, reservas y grandes reservas de indudable calidad, lo cierto es que no fue hasta mediados del siglo XX cuando vio la luz el primer Reserva de La Mancha.

Con la cosecha de 1965, Bodegas Ayuso (Villarrobledo, Albacete), lanzó el primer Reserva de La Mancha. Su éxito fue inmediato y, bajo el nombre de Estola, consiguió conquistar el paladar de todo el sector de la restauración, así como de todos los hogares. Desde entonces Estola cuenta con un gran prestigio en el mercado nacional e internacional.

EN LA ACTUALIDAD, LAS BODEGAS DO LA MANCHA CUENTAN CON UN CENTENAR DE NAVES DE CRIANZA

Un Reserva que marcó un  antes y un después en el método de elaboración de los vinos Denominación de Origen La Mancha, hasta entonces célebres por su carácter joven. Hoy en día, sus más de 230 bodegas inscritas cuentan con un viñedo cada vez más diversificado y en el que se amparan 28 variedades. Con esta heterogeneidad, así como con la utilización de las más modernas tecnologías, la oferta de vinos D.O. La Mancha es extraordinaria. Teniendo en cuenta, también, su imbatible relación calidad-precio.

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